La noticia y por qué importa
Los agonistas del receptor del péptido similar al glucagón tipo 1 (GLP-1), utilizados ampliamente para diabetes tipo 2 y control del peso, están empezando a generar una pregunta que hace pocos años parecía ajena a la oncología: ¿pueden las modificaciones metabólicas producidas por estos fármacos influir también en la evolución de pacientes que ya tienen cáncer?
Un análisis retrospectivo presentado en la Reunión Anual de la American Society of Clinical Oncology (ASCO) de 2026 aporta una de las señales más llamativas hasta ahora en cáncer colorrectal. Investigadores de Atrium Health Levine Cancer y colaboradores analizaron una cohorte del mundo real de pacientes adultos con cáncer colorrectal que iniciaron quimioterapia de primera línea con FOLFOX o FOLFIRI. Tras un emparejamiento por puntuación de propensión, 4.824 pacientes quedaron incluidos, 2.412 en el grupo que utilizaba un agonista GLP-1 y 2.412 en el grupo sin exposición.
Con una mediana de seguimiento de 24,6 meses, la supervivencia global mediana fue de 28,4 meses entre los usuarios de GLP-1 frente a 23,6 meses entre los no usuarios. En el análisis multivariable, la exposición a GLP-1 se asoció con un 18% menor riesgo relativo de muerte (HR 0,82; IC95% 0,76–0,89). También se observaron menores tasas de neutropenia y neuropatía relacionada con la quimioterapia.
El resultado es interesante, pero debe interpretarse con mucha cautela. El trabajo es un estudio observacional retrospectivo presentado como resumen de congreso, no un ensayo clínico aleatorizado. Por tanto, no demuestra que semaglutida, liraglutida, dulaglutida u otro agonista GLP-1 trate el cáncer colorrectal ni que prolongue la supervivencia por un efecto antitumoral directo.
La relevancia está en que la señal aparece durante tratamiento oncológico activo y se suma a un conjunto creciente de investigaciones que relacionan metabolismo, inflamación, obesidad, inmunidad y evolución del cáncer.
El estudio, tratamiento o avance en profundidad
El análisis fue presentado por Arunkumar Krishnan, Diptasree Mukherjee, Kunal C. Kadakia, Ye Myint Aung y Declan Walsh, investigadores vinculados a Atrium Health Levine Cancer y su Departamento de Oncología de Soporte. El trabajo fue publicado como abstract 3661 en el Journal of Clinical Oncology, volumen 44, número 16_suppl, correspondiente a la Reunión Anual de ASCO 2026. El DOI es 10.1200/JCO.2026.44.16_suppl.3661.
Los investigadores utilizaron la Blue Diamond Global Collaborative Network para identificar adultos con cáncer colorrectal que comenzaron FOLFOX o FOLFIRI entre 2015 y 2024. Se consideró usuario de GLP-1 a quien recibió un agonista del receptor GLP-1 dentro de los 90 días anteriores o posteriores al inicio de la quimioterapia. Entre los medicamentos incluidos figuraban semaglutida, liraglutida y dulaglutida.
La comparación se realizó mediante emparejamiento 1:1 por puntuación de propensión. Los investigadores ajustaron por edad, sexo, índice de masa corporal, diabetes, línea de tratamiento, comorbilidades y uso basal de corticosteroides. Después del emparejamiento, ambos grupos quedaron con una edad media de 61,8 años; el 46% eran mujeres y el índice de masa corporal medio era de 31,2 kg/m². El 58% de los participantes tenía diabetes.
El desenlace principal fue la supervivencia global. También se analizaron acontecimientos adversos asociados con la quimioterapia, incluidos neutropenia y neuropatía. Los investigadores realizaron análisis por esquema de quimioterapia y una sensibilidad restringida a pacientes con exposición sostenida a GLP-1 durante más de seis meses.
La hipótesis biológica no se limita a la pérdida de peso. Los receptores GLP-1 participan en regulación de glucosa, secreción de insulina, apetito y metabolismo energético. Los agonistas GLP-1 también producen cambios sistémicos que pueden afectar inflamación y metabolismo. La obesidad, la resistencia a la insulina, la inflamación crónica y la alteración de la función inmunitaria están relacionadas con la biología de numerosos tumores, incluido el cáncer colorrectal.
Sin embargo, todavía no está claro qué parte de una eventual asociación podría explicarse por pérdida de peso, mejor control glucémico, reducción de inflamación, mejor estado cardiometabólico, diferencias en actividad física y nutrición, menor frecuencia de complicaciones o un efecto farmacológico directo sobre el microambiente tumoral. El estudio no fue diseñado para separar estas posibilidades.
Los resultados y su significado clínico
Después del emparejamiento, los pacientes que recibieron agonistas GLP-1 tuvieron una supervivencia global mediana de 28,4 meses, frente a 23,6 meses en los pacientes no expuestos. La diferencia fue estadísticamente significativa mediante la prueba de log-rank (p<0,001).
En el modelo de Cox, la utilización concomitante de GLP-1 se asoció con una supervivencia global superior, con un hazard ratio de 0,82 (IC95% 0,76–0,89). En términos relativos, el resultado corresponde a una asociación con aproximadamente 18% menos riesgo de muerte durante el periodo analizado.
La señal fue consistente cuando se analizó el tipo de quimioterapia. Entre quienes recibieron FOLFOX, el hazard ratio fue 0,81, mientras que entre quienes recibieron FOLFIRI fue 0,84. El efecto más pronunciado se observó en pacientes con índice de masa corporal de al menos 30 kg/m².
El análisis de seguridad también llamó la atención. La neutropenia ocurrió en 18,9% de los usuarios de GLP-1 frente a 23,7% de los no usuarios, con un riesgo relativo de 0,80 (p=0,002). La neuropatía inducida por quimioterapia apareció en 14,2% frente a 18,6%, respectivamente, con un riesgo relativo de 0,76 (p=0,004).
Los investigadores realizaron además un análisis de sensibilidad restringido a pacientes con exposición sostenida durante más de seis meses y encontraron una asociación similar. Esto reduce parcialmente la preocupación de que el resultado se deba exclusivamente a exposiciones muy breves, aunque no elimina los problemas inherentes a los estudios observacionales.
Los datos encajan con otros resultados presentados durante ASCO 2026. Un análisis independiente de pacientes con cáncer colorrectal metastásico que recibían inhibidores de puntos de control inmunitario incluyó 8.304 pacientes, de los cuales 148 habían recibido GLP-1. Después del emparejamiento, la mortalidad al año fue 27,5% frente a 40,6%, con HR para muerte de 0,67 (IC95% 0,43–1,03). A cinco años, la mortalidad fue 28,3% frente a 42,0% y la supervivencia estimada fue 50,5% frente a 41,5%. Este segundo análisis también fue observacional y, por tanto, generador de hipótesis.
Un comunicado de New York Medical College publicado el 18 de agosto de 2026 describió resultados de ese segundo trabajo y advirtió expresamente que los hallazgos no justifican iniciar GLP-1 para tratar el cáncer. Los investigadores señalaron que la asociación debe validarse mediante estudios prospectivos y que factores como metabolismo, inflamación y función inmunitaria podrían contribuir a las diferencias observadas.
En paralelo, el National Cancer Institute ya registra ensayos prospectivos que llevan esta pregunta al terreno experimental. Uno de ellos, NCT07627191, evalúa semaglutida añadida al tratamiento estándar en pacientes con cáncer pancreático, colorrectal o hepatocelular metastásico o irresecable. Es un estudio de fase temprana con aproximadamente 30 participantes, cuyo objetivo inicial es seguridad y tolerabilidad, además de explorar eficacia, inflamación, metabolismo, peso, calidad de vida y estado funcional.
Seguridad, limitaciones y qué debemos interpretar con cautela
La principal limitación es el diseño observacional. Los pacientes no fueron asignados aleatoriamente a recibir GLP-1 o no recibirlo. Aunque el emparejamiento equilibró numerosas variables conocidas, pueden permanecer factores de confusión no medidos o medidos de manera incompleta.
Esto es particularmente importante porque los usuarios de GLP-1 pueden diferir de los no usuarios en aspectos que influyen en supervivencia: acceso al sistema sanitario, seguimiento médico, control de diabetes, tratamiento cardiovascular, hábitos de vida, actividad física, estado nutricional, pérdida de peso, adherencia terapéutica y utilización de otros medicamentos. El análisis no puede eliminar por completo estas diferencias.
También existe un posible problema de temporalidad. La definición de exposición permitió recibir GLP-1 dentro de los 90 días antes o después de comenzar quimioterapia. Esto hace razonable estudiar el uso concomitante, pero no demuestra que la exposición haya producido una modificación biológica suficiente para explicar toda la diferencia de supervivencia.
La reducción de neutropenia y neuropatía también requiere confirmación. Es posible que factores metabólicos, diferencias en soporte clínico o características de los pacientes contribuyan a la asociación. No existe todavía un mecanismo demostrado que permita afirmar que los agonistas GLP-1 protegen directamente frente a la toxicidad de FOLFOX o FOLFIRI.
Otra limitación es que el trabajo es un abstract de ASCO y no una publicación científica completa revisada por pares con todos los detalles metodológicos. No se dispone en el resumen de información suficiente para evaluar todos los análisis de sensibilidad, pérdidas durante el seguimiento, dosis y duración exactas de cada agonista GLP-1, ni la distribución detallada de enfermedad localizada frente a metastásica dentro de la cohorte.
Por ello, el hazard ratio de 0,82 debe interpretarse como una asociación, no como una reducción causal del 18% en mortalidad atribuible a los GLP-1.
La cuestión de seguridad tampoco es trivial en pacientes con cáncer. Los agonistas GLP-1 pueden producir náuseas, vómitos, diarrea, estreñimiento y reducción importante del apetito. En pacientes sometidos a quimioterapia, especialmente aquellos con pérdida de peso involuntaria, sarcopenia o riesgo de desnutrición, una reducción adicional de la ingesta puede ser clínicamente desfavorable. La decisión de continuar o iniciar estos fármacos durante tratamiento oncológico debe individualizarse.
Qué viene ahora
La pregunta central ya no es si existe una asociación epidemiológica, sino si los GLP-1 pueden modificar de manera causal resultados clínicos en pacientes con cáncer. Para responderla serán necesarios estudios prospectivos que controlen cuidadosamente peso, composición corporal, diabetes, tratamiento oncológico, estado nutricional, inflamación y exposición exacta al fármaco.
NCT07627191 representa uno de los primeros pasos en esa dirección. El ensayo de semaglutida combinada con tratamiento estándar en cáncer pancreático, colorrectal y hepatocelular evaluará inicialmente seguridad y tolerabilidad, pero también incorporará mediciones de inflamación, metabolismo, peso, calidad de vida y estado funcional. Estos datos pueden ayudar a distinguir un efecto metabólico indirecto de una posible actividad antitumoral o inmunomoduladora.
También será importante determinar si el posible beneficio depende del tipo de tumor, del uso concomitante de inmunoterapia, del estado metabólico o de la obesidad. Los datos de ASCO sugieren señales en cáncer colorrectal tanto con quimioterapia como con inhibidores de puntos de control, pero todavía no permiten establecer qué mecanismo explica la asociación.
La publicación de agosto de 2026 en Journal of Clinical Oncology sobre el potencial papel de los agonistas GLP-1 en oncología también plantea una agenda de investigación más amplia, centrada en metabolismo, inflamación, composición corporal y tratamiento del cáncer. El campo está pasando de observar una posible reducción del riesgo de algunos cánceres a estudiar si la modulación metabólica puede integrarse durante el tratamiento oncológico.
Para ONKOS, el mensaje debe ser preciso: los datos actuales son suficientemente llamativos para justificar investigación clínica, pero insuficientes para considerar a los agonistas GLP-1 tratamientos contra el cáncer colorrectal. La asociación con una supervivencia mediana 4,8 meses mayor y menor toxicidad hematológica y neurológica en este análisis merece confirmación, no extrapolación. Si los ensayos prospectivos reproducen el beneficio después de controlar adecuadamente los factores metabólicos y nutricionales, los GLP-1 podrían convertirse en una nueva herramienta de intervención metabólica dentro de la oncología. Si no lo hacen, los resultados actuales servirán como un ejemplo de cómo los estudios del mundo real pueden generar hipótesis importantes que después necesitan ser sometidas a pruebas aleatorizadas.
Referencias y fuentes
Krishnan A, Mukherjee D, Kadakia KC, Aung YM, Walsh D. “Impact of concomitant GLP-1 receptor agonist use on overall survival and chemotherapy-related adverse events in colorectal cancer: A real-world pharmacoepidemiologic cohort study.” Journal of Clinical Oncology. 2026;44(16_suppl):3661. DOI: 10.1200/JCO.2026.44.16_suppl.3661. Presentado en la Reunión Anual de ASCO 2026. citeturn5search0turn5search33
Rawal S, et al. “Association of concurrent GLP-1 receptor agonist use with survival outcomes in patients with metastatic colorectal cancer receiving immune checkpoint inhibitors.” Journal of Clinical Oncology. 2026;44(16_suppl):3605. DOI: 10.1200/JCO.2026.44.16_suppl.3605. citeturn5search1
New York Medical College. “GLP-1 Use Associated with Better Outcomes in Colorectal Cancer.” 18 de agosto de 2026. Comunicado institucional sobre el análisis retrospectivo presentado en ASCO 2026. citeturn4view0
Temperley HC, Kelly ME. “Metabolic Modulation in Cancer Care: The Potential Role of Glucagon-Like Peptide-1 Receptor Agonists.” Journal of Clinical Oncology. 2026;44(23):2244–2252. DOI: 10.1200/JCO-26-00062. citeturn3search2turn3search10
ClinicalTrials.gov. NCT07627191. “GLP-1 Receptor Agonist Plus SOC Treatment in First-line, Metastatic Pancreatic, Colorectal, or Hepatocellular Cancer.” Sponsor: University of Arizona. Investigador principal: Aaron J. Scott, MD. Estudio Early Phase 1. citeturn3search1turn3search3
La evidencia clínica descrita es principalmente observacional y de resúmenes de congreso. No existe actualmente evidencia que establezca a los agonistas GLP-1 como tratamiento antitumoral estándar para el cáncer colorrectal.
